Coleccion de arte

Gutiérrez de la Concha, Salvador (1940)

Salvador Gutiérrez de la Concha nace en Santander, en 1940. A los seis años comienza a pintar a la acuarela en compañía de su padre, Manuel Gutiérrez de la Concha y Arce, afamado acuarelista que enseña a su hijo todos los secretos de la técnica al agua. El joven aprendiz absorbe y depura los conocimientos adquiridos hasta llegar a conseguir un estilo propio y personal.Al mismo tiempo que perfecciona el ejercicio de la pintura realiza los estudios de Náutica en La Coruña, obteniendo el título de Capitán de la Marina Civil. Los numerosos viajes llevados a cabo por mar permiten al pintor estudiar a fondo las infinitas formas, luces y colores que el espacio marítimo le ofrece. Observa y guarda en su memoria los amaneceres, las tempestades, la calma de la mar o la rica gama de colores que adquiere al agua tras una puesta de sol. Así pues, sus obras son el íntimo resultado de dos pasiones inseparables: la pintura y el mar.Finalmente decide abandonar la vida de marino para dedicarse en exclusiva a investigar y superarse en el arte de la pintura. En 1969 realiza en su ciudad natalla primera exposición individual. A ésta le siguen otras muchas, principalmente en Santander, Madrid y diversos puntos de Galicia y México, cosechando en todas ellas notables éxitos y elogios por parte de la crítica.La pintura de Salvador Gutiérrez de la Concha cautiva al espectador por el efectismo expresivo y la espontaneidad de sus trazos, fruto de un profundo conocimiento de la técnica. El pintor no vacila en autodefinirse como un artesano cuya labor se fundamenta en el trabajo y el esfuerzo. Según sus propias palabras, la pintura la concibe como < un trabajo de taller, una artesanía sublimada > que sólo adquiere significado en cuanto a la influencia que ejerce en la sensibilidad del espectador.

Tempestad

Gutiérrez de la Concha, Salvador

Tempestad
Título
Tempestad
Fecha de creación
1993
Técnica
Acuarela sobre papel
Dimensiones
100 x 150
De nuevo el acuarelista Salvador Gutiérrez de la Concha se complace en recrear el espectáculo espléndido de un paisaje marino, que en este caso adquiere forma de tormenta, y que el autor recupera de ese registro suyo personal de imágenes retenidas en su memoria durante los numerosos viajes llevados a cabo como capitán de la Marina Civil. Para el autor, la acuarela, como el mar, no tiene secretos y por ello se atreve a enfrentarse a obras de gran formato con una técnica que no admite arrepentimientos y en la que cada pincelada es definitoria y relevante.Lo más sugestivo de la obra es indudablemente la paleta de colores. No son abundantes pero sí atrevidos. Un acorde de rosas y azules a los que se suman unas cuantas notas verdes para el mar. Todo ello envuelto por un poético velo rosado que otorga a la obra una atmósfera cautivadora y estimulante. En ocasiones la coloración aparece cargada de pigmento mientras que en otros momentos las pinceladas son escurridas hasta la transparencia. La tonalidad oscura del primer plano intensifica la sensación de profundidad espacial. Grandes masas de color iluminados desde el interior de la obra por la propia blancura del soporte y amplias superficies sin pigmentar surgen de la composición produciendo una equilibrada armonía entre claridad y color, entre realidad y ensoñación. Las pinceladas sorprenden por su gran amplitud. Aveces parecen brochazos ondulantes formando grandes manchas de soltura admirable, en otras ocasiones unos pinceles de trazo mas apretado van arrastrando el color mientras serpentean ágilmente.