Coleccion de arte

Gutiérrez de la Concha, Salvador (1940)

Salvador Gutiérrez de la Concha nace en Santander, en 1940. A los seis años comienza a pintar a la acuarela en compañía de su padre, Manuel Gutiérrez de la Concha y Arce, afamado acuarelista que enseña a su hijo todos los secretos de la técnica al agua. El joven aprendiz absorbe y depura los conocimientos adquiridos hasta llegar a conseguir un estilo propio y personal.Al mismo tiempo que perfecciona el ejercicio de la pintura realiza los estudios de Náutica en La Coruña, obteniendo el título de Capitán de la Marina Civil. Los numerosos viajes llevados a cabo por mar permiten al pintor estudiar a fondo las infinitas formas, luces y colores que el espacio marítimo le ofrece. Observa y guarda en su memoria los amaneceres, las tempestades, la calma de la mar o la rica gama de colores que adquiere al agua tras una puesta de sol. Así pues, sus obras son el íntimo resultado de dos pasiones inseparables: la pintura y el mar.Finalmente decide abandonar la vida de marino para dedicarse en exclusiva a investigar y superarse en el arte de la pintura. En 1969 realiza en su ciudad natalla primera exposición individual. A ésta le siguen otras muchas, principalmente en Santander, Madrid y diversos puntos de Galicia y México, cosechando en todas ellas notables éxitos y elogios por parte de la crítica.La pintura de Salvador Gutiérrez de la Concha cautiva al espectador por el efectismo expresivo y la espontaneidad de sus trazos, fruto de un profundo conocimiento de la técnica. El pintor no vacila en autodefinirse como un artesano cuya labor se fundamenta en el trabajo y el esfuerzo. Según sus propias palabras, la pintura la concibe como < un trabajo de taller, una artesanía sublimada > que sólo adquiere significado en cuanto a la influencia que ejerce en la sensibilidad del espectador.

Barcas

Gutiérrez de la Concha, Salvador

Barcas
Título
Barcas
Fecha de creación
1994
Técnica
Acrílico sobre lienzo
Dimensiones
50 x 70
Cuando Salvador Gutiérrez de la Concha trabaja con otras técnicas pictóricas no puede ocultar su eminente condición de acuarelista, puesto que la disciplina técnica que implica la pintura al agua la emplea también para pinturas de consistencia más espesa. Pero lejos de ser un defecto, en Gutiérrez de la Concha se convierte en una cualidad que hace que sus pinturas acrílicas u oleosas adquieran una impronta de marcado carácter personal.En esta composición de técnica acrílica, tanto la argumentación, unas barcas vacías y amarradas, como la factura son evidentemente sencillas. Lo que realmente presenta mayor atractivo es el tratamiento técnico dado a la pintura. El autor, a menudo diluye la masa pictórica, hasta hacerla parecer una acuarela, y la aplica rápidamente sobre la superficie, sin dilación, para después sobreponer otras pinceladas contrastadamente gruesas. Parece olvidarse que ahora puede rectificar libremente, quizás no quiera, acostumbrado siempre a trabajar de forma rítmica y ágil, Tampoco, como en la acuarela, se entremezclan los colores y el colorido general es tenue y discreto, dominado por una seductora luminosidad .Gutiérrez de la Concha tiene la admirable capacidad de dotar a sus composiciones del ritmo y movimiento precisos sirviéndose de una carga pictórica sobria y concisa. El pintor elude los detalles superfluos en favor de manchas expresivas, trazos frecuentemente largos y calidades de sutil vaporosidad.