Coleccion de arte

Abelenda Escudero, Alfonso Pedro (1931 - 2019)

Alfonso Abelenda Escudero, décimo nieto generacional de María Pita, es hasta el momento el último eslabón de una estirpe de artistas coruñeses entre los que figura padre, un excelente dibujante; su madre, pintora; su bisabuelo, constructor del ensanche de La Coruña y su tío abuelo Francisco Escudero, autor del obelisco coruñés y afamado escultor. Abelenda nace en la ciudad herculina y es allí donde recibe sus primeras lecciones de pintura, con Antón García Patiño. Inquieto y emprendedor, a los 18 años decide estudiar arquitectura en la Escuela Superior de Madrid, donde además prosigue su aprendizaje artístico. En el 51 realiza su primera exposición individual en la vanguardista librería Lino Pérez de su ciudad natal. De nuevo en Madrid colabora en la revista de humor Don José y más tarde en La Codorniz. Su vida entonces transcurre entre Santiago, donde comienza a estudiar Ciencias Exactas, La Coruña y Madrid. Realiza exposiciones en Londres, París, Caracas, México, así como colaboraciones y diseños para las ferias mundiales de Bruselas y Nueva York. En el 68 recibe la primera medalla del Salón Internacional de Humoristas. Colabora frecuentemente en producciones cinematográficas. Su obra cuelga en importantes colecciones publicas y privadas dentro y fuera de Galicia. Abelenda posee un lenguaje plástico propio de raíz marcadamente expresionista. El lirismo y la ironía constituyen los cimientos sobre los que se erige una pintura figurativa que juega constantemente con la abstracción de las formas. Además de excelente dibujante, Abelenda domina perfectamente la técnica y los colores. En sus obras nada es casual y cada pincelada es fruto del saber hacer.

La cogida del picador

Abelenda Escudero, Alfonso Pedro

La cogida del picador
Título
La cogida del picador
Fecha de creación
1997
Técnica
Óleo sobre lienzo
Dimensiones
81 x 73

Abelenda resuelve magistralmente el esquema compositivo de un tema intrínsecamente complicado en el que toro, caballo y picador son retratados tras la cogida de este último, cuando todos caen al ruedo, formando una compacta unidad argumental. El autor utiliza un lenguaje pictórico de marcado carácter personal en el que partiendo de una figuración de apoyo, va sustrayendo las líneas y formas hasta que estas se transforman en manchas certeras que sólo adquieren coherencia cuando se contemplan en su conjunto. A partir de una capa preparatoria rosa, la obra es una fiesta de múltiples tonalidades. Ningún color es igual a otro y cada uno lleva consigo ricas derivaciones cromáticas, como el negro del toro, el color que significa la negación del color, y del que sin embargo Abelenda consigue extraer variados matices.