Coleccion de arte

Lugrís González, Urbano (1908 - 1973)

Urbano Lugrís nace en 1908 en el seno de una familia de intelectuales de La Coruña, ciudad en la que realiza sus primeros estudios artísticos y donde vive su primera juventud, inmerso en un entorno cultural teñido de ideología nacionalista. A principios de los años treinta se traslada a Madrid, fusionándose con el ambiente vanguardista y bohemio de la capital. Recorre España trabajando en espectáculos y escenografías teatrales, acompañando a Rafael Alberti y Federico García Lorca, entre otros. Durante la Guerra Civil se traslada a Galicia para dedicarse más intensamente a la pintura, aunque continua realizando colaboraciones en revistas, libros o producciones teatrales. En los años cincuenta, época de intensa creatividad artística y gran entusiasmo productivo, saca a la calle, junto a otros intelectuales gallegos, la revista Atlantida, que le sirve de vehículo idóneo para ejercer sus dotes de escritor, poeta y fabulador de historias. Lugrís ha significado para la plástica gallega, con Eugenio Granell y Maruja Mallo, una sustanciosa contribución al movimiento surrealista, cuya trascendencia en las vanguardias históricas de nuestro país alcanzó una magnitud excepcional. Su pintura, marcada por un reseñable sello personal, esta caracterizada por la minuciosidad en el trazo y por un dibujo exquisito, realizado dentro de un contexto fantástico y de ensueño. Los que le conocieron hablan de un hombre ingenioso, divertido y de espíritu noble. La última etapa de su vida está salpicada con tintes depresivos y de melancolía. Con la salud algo debilitada, el gran artista muere en Vigo, a los 65 años de edad.

Interior con ventana

Lugrís González, Urbano

Interior con ventana
Título
Interior con ventana
Fecha de creación
1962
Técnica
Temple sobre muro
Dimensiones
120 x 240

A principios de la década de los 40, Lugrís vuelca todo su interés en la pintura definiendo unos modelos que, con más o menos evoluciones, habitarán para siempre su universo plástico marino. Muy pronto los murales van a significar un medio importante en el que desarrollar su obra. En ellos se magnifican sus sueños oceánicos y se ensalza la exquisitez de su plasticidad El presente mural, procedente del ya desaparecido bar León, también hostal, situado en la entonces concurrida calle de la Estrella, en A Coruña, fue pintado por Lugrís durante una temporada en la que permaneció allí hospedado, el año siguiente del fallecimiento de su esposa. Otras pinturas del mismo bar tuvieron peor suerte y fueron tristemente destruidas en diversas remodelaciones del local. Esta es la parte posterior de un mural, de carácter exento, que separaba la cocina del resto del establecimiento. El “horror vacui” que caracteriza muchas de sus composiciones se transforma en esta ocasión en la desamparada imagen de la soledad. Quizás puedan intuirse rasgos autobiográficos, tal vez sea el preludio de los períodos depresivos que se avecinan. Lo cierto es que representa la tristeza del vacío plasmada en la pared de una fonda de puerto, tan solo ocupada por una llave triste que cuelga de un viejo y también triste cordón, una jarra de vino, una botella firmada y el barquito que navega eternamente y sin rumbo dentro de su botella. Son objetos rodeados de una áurea de melancolía. Pero la sensación de desasosiego se afloja al respirar por la ventana que se abre, como un cuadro dentro de otro cuadro, al mar coruñés del Orzán. También en otros murales, como en la Casa del Pescador de Malpica, y en muchas obras suyas de diferente índole, el paisaje se contempla a través de un interior, distanciándonos del horizonte.