Coleccion de arte

Lamazares, Antón (1954)

Figura imprescindible en el panorama de la pintura actual española, Antón Lamazares Silva nace en la localidad de Maceira, Lalín (Pontevedra), en 1954. De libre formación plástica, Lamazares es becado, entre los años 1976 y 1978 por la Diputación de Pontevedra y el Ayuntamiento de Lalín, y dos años más tarde es apoyado por el Ministerio de Cultura, colaborando en el impulso de su imparable expansión plástica. Sus primeras apariciones publicas se producen en las Exposiciones de la Plaza de la Princesa, auspiciadas por el Ayuntamiento de Vigo, a mediados de los setenta, en las que comenzaba a forjarse el Grupo Atlántica, un colectivo que reivindicaba una nueva reflexión actualizada del arte gallego, lejos ya de las vanguardias históricas, y su expansión de acuerdo a los nuevos conceptos artísticos de carácter universalista. Consolidado ya el grupo, en 1980 Lamazares participa en sus exposiciones más emblemáticas, como son las de Atlántica (1980), Baiona(1980), Atlántica(1981) y Madrid(1981). Reconocida ya su relevancia en el panorama artístico que surgía en la década de los ochenta, Lamazares comienza a trabajar con diversas galerías nacionales enmarcadas en las nuevas propuestas del arte contemporáneo de la década. Su trayectoria se inicia inmersa en una figuración de naturaleza expresionista, proyectada en unas obras de fuerte carácter narrativo e irónico, habitadas por unos seres grotescos, en ocasiones dramáticos, que fueron evolucionando hacia una esencialización más profunda de las formas, en una pintura más flemática y reflexiva, que desembocará, finalmente, en un informalismo dominado por el tratamiento de la materia y el empleo de materiales residuales.

Gracias Vagabundas

Lamazares, Antón

Gracias Vagabundas
Título
Gracias Vagabundas
Fecha de creación
1994
Técnica
Mixta sobre cartón
Dimensiones
100 x 100
Partiendo de un soporte configurado con una elemental estructura de madera cuadrangular, unos retales de cartón acanalado y unas rudas cuerdas de embalaje, Lamazares desarrolla un paisaje de colores, luces y reflejos vertebrado fundamentalmente por la excitación cromática y la visceralidad en la aplicación de unas gruesas veladuras notoriamente impactantes. La obra sobrepasa los límites físicos del soporte, proyectándose indefinidamente hacia el exterior, planteando una noción del espacio pictórico muy alejada de los patrones convencionales La heterodoxia en el empleo de los materiales es una constante en la obra de Lamazares. Materiales humildes y de deshecho con los que el pintor intenta acercarse más a la vida real, que significan una base de apoyo, física y espiritualmente, sobre la que comenzar a trabajar sus obras. En Gracias vagabundas de Mayo, el autor configura una epidermis textural dominada por los fragmentos irregulares y ondeantes de los cartones del soporte, cosidos con cuerdas de nudos deshilachados, oquedades y puntas de clavos sobre los que va depositando capas pictóricas compuestas por pigmentos y barnices industriales de aspecto esmaltado, brochazos gruesos en espiral, goterones y amplias manchas de betunes que conforman unas capas vibrantes y brillantes. El espesor adquirido por esa superposición de estratos, unido a la deliberada corpulencia y tosquedad del soporte, confiere a la obra un cierto carácter tridimensional.La obra atrapa al espectador por su libertad gestual, por el salvaje tratamiento de la materia, por la excitación cromática, por su entusiasta fantasía, por su capacidad de estimulación óptica y, esencialmente, por la fuerza vital que desprende.