Manolo Paz ha desarrollado a lo largo de su carrera un estilo muy personal en el que el granito es su material fetiche por excelencia. En su producción, este autor hace convivir el oficio de la cantería, con una concepción artística en la que aporta a la piedra un significado propio. El granito está íntimamente ligado con la historia y la cultura de Galicia y su vinculación con ritos ancestrales es evidente, aunque también con otras manifestaciones artísticas a lo largo de la historia. Para él cualquier piedra hallada en el campo tiene posibilidades de convertirse en escultura, es suficiente con comenzar a trabajarla, aunque preferiblemente sin una intervención muy profunda por parte del autor para que el granito pueda expresarse a través de su textura, desde las formas abstractas. Son estas últimas características las que convierten la producción de Paz en creaciones modernas, contemporáneas, que sin embargo están vinculadas ineludiblemente con la tradición y al mismo tiempo con el land art. El especialista José Jiménez resume la esencia del trabajo de Paz: “En nuestro contorno tecnológico, artificial, Manolo Paz impone sus piedras y lo hace como sucedía con el gran pionero de la escultura de nuestro tiempo, Constantin Brancusi, en una dinámica plástica que encuentra su fundamento en la voluntad de dejar hablar libremente a los propios materiales”. En la obra Sin título (granito, 120x190 cm., 1998) Manolo Paz ensambla fragmentos planos de granito construyendo una gran pieza modular de tendencia geomatrizante que se expande horizontalmente en el espacio. Las piezas se interrelacionan entre sí en un perfecto ensamblaje orgánico a través de cual establece un dialogo con el entorno. Mediante la talla directa y artesanal del granito Manolo Paz se enfrenta a las calidades expresivas de la piedra haciendo una relectura de ésta como material de significación propia. El autor pule más las partes planas de las piezas para dejar los bordes más toscos, de esta forma potencia su belleza natural, ya que contrapone y juega con las ideas de lo arcaico y lo sutil, lo expresivo y lo simbólico. En una misma obra se puede observar lo que el autor concibe de modo intelectual y lo que ya existe en la naturaleza. Así lo explica Xosé Antón Castro: “De esa fórmula atrevida nacen los contrastes, las texturas, los movimientos y una serie de deformaciones que delatan su inclinación por un pasado románico. Ahí tal vez esté su principal deuda y no con el mundo celta al que se suele asociar tras una simplificación un tanto vacía de sus verdaderos presupuestos”. Hay que destacar que la obra que nos ocupa es muy similar formalmente a otra de mayores dimensiones que tituló La última cena, por lo que este motivo religioso se vincula evidentemente con estilos más próximos en el tiempo como puede ser el románico, que el arte megalítico.
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Exposiciones:
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Paz, Manolo (1957)
Manolo Paz (Castrelo, Cambados, Pontevedra, 1957) se formó en los años 1978 y 1979 en la Escuela de Artes y Oficios Maestro Mateo de Santiago de Compostela. Sería en este último año cuando comenzó a darse a conocer al cosechar excelentes críticas durante su participación en la V Bienal Nacional de Pontevedra con sus característicos trabajos en piedra. Este éxito le llevó a ser invitado en posteriores ediciones y a exhibir su trabajo por varias ciudades españolas. Junto a Leiro, Lamas, Patiño o Lamazares se convirtió en uno de los valores plásticos más destacados del panorama artístico gallego de comienzos de los años 80. Su escultura se ancla en la cultura celta relacionada con la cultura megalítica y castrexa. En 1980 tuvo la oportunidad de trabajar como profesor en la Escola de Canteiros de Poio (Pontevedra) para posteriormente, dar a conocer su obra en lugares tan dispares como Nueva York, Alemania o Japón. Será precisamente en la primera ciudad a la que pueda regresar en 1992 cuando consigue la Beca Unión Fenosa de Creación Artística en el Extranjero. Desde un principio su producción se centra en reflexiones sobre el valor de la cultura autóctona, sus signos, sus símbolos y su material. Paz profundiza en las posibilidades expresivas de materiales tradicionales, el granito gallego es su predilecto, al que atribuye un carácter sacro y ritual. Sin embargo, también ha trabajado otros materiales como el metal o la madera, combinando esta última con la piedra. Aunque su actividad expositiva individual no es muy prolífica debido a que el autor prefiere reflexionar profundamente acerca de su obra antes de mostrarla, su trabajo se puede contemplar en varios espacios públicos como la instalación de menhires diseñada para los alrededores de la Torre de Hércules (A Coruña), así como importantes colecciones como la de la Fundación ICO; la del Museo de Duisburg (Alemania); la de la Fundación Caixa Galicia (A Coruña); la de la Fundación de Oriente (Lisboa) o la del Parque Namakunay (Japón).