Considerado uno de los más importantes renovadores plásticos del siglo XX en Galicia, Luis Seoane desarrolla una constante investigación sobre el lenguaje y la representación formal en la pintura. La obra Pulpo y jarra (óleo sobre lienzo, 55x75 cm., 1961) representa una composición abstraizante en la que la yuxtaposición de planos geométricos realizados en intensa gama de colores cálidos, naranjas, rojos y amarillos contrastan con el contundente negro, éstos sirven de fondo indefinido a la representación esquemática de dos objetos, un pulpo y una jarra, silueteados en líneas negras. La fecha de ejecución de este lienzo se produce en un año de vital importancia en la evolución plástica de Seoane, ya que coincide con la realización de importantes obras que aluden a la tradición e historia de Galicia, principalmente representada por la mujer. Como apunta el especialista Valeriano Bozal, el autor vivirá entre 1954 y 1961 un período de investigación estilística donde muestra la influencia de diversos autores como Picasso, Léger, Equipo 57 o la corriente informalista que por entonces había ganado posiciones en el panorama plástico español de la época, representado por autores como Millares o Tapiès. El propio autor define así su estilo: “Busco mi expresión por medio de una pintura plana de fuertes contrastes de color y con un grafismo espontáneo que se superpone. El color, el dibujo y los grandes ritmos son para mí nada más que un medio de expresión, busco una pintura que tenga su mayor fuerza en el sincretismo de los elementos con los que la realizo. No trato de hacer pintura lavada, sino de huir de cualquier clase de texturas que distraigan la intensidad en cada tono”. Seoane continúa su evolución estilística y se suma entonces a una cierta abstracción, combinada siempre con la figuración, que cada vez se fragmentará más, como se aprecia en esta obra, pero ahondando temáticamente en el nacionalismo, con un claro alejamiento del costumbrismo. Por eso, los temas gallegos tomaron protagonismo en su producción, recreando las costumbres, la indumentaria o las profesiones, pero siempre desde la perspectiva novedosa de su estilo. Y es en este panorama creativo donde encaja un animal tan característicamente gallego como es el pulpo, representado en muchas ocasiones a lo largo de su producción y a través de diversas técnicas. Basilio Losada recuerda la forma en la que el pintor abordaba la temática gallega: “La Galicia de Seoane era una Galicia mítica. Conocía como nadie el pasado a través de las crónicas, estudiando las piedras -su amor a los petroglifos, a los relieves románicos- trasmitido oralmente de siglo en siglo. Una Galicia mágica, intacta, misteriosa, de conde locos, de judíos y cristianos, de obispos nigromantes y romeros que caminan hacia la Muerte”. Así, la experta Mª Victoria Carballo-Calero explica como durante la década de los años 60, el autor recrea incansablemente una cultura popular que se nutre de mitos y leyendas por las que siempre sintió fascinación. Y es precisamente en este contexto en el que representa varios secaderos de pulpos a mediados de la década de los 60, que Carballo-Calero califica de “fantasmagóricos”, logrando unas composiciones cuyo significado resulta difícil descifrar, manteniendo la intriga del espectador.
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