Los años de experiencia en el campo de la escultura imprimieron en Carmen Béjar una gran seguridad en cuanto al sentido espacial y la comprensión personal del cuerpo humano muy personales. Características que quedan patentes en esta obra en la que una mujer de cuerpo desnudo, firme y recio, mira al infinito con expresión de afligida melancolía. Cuerpo y rostro despiden una íntima energía, una sensación de desamparo eterno, de misterio indefinible.
La luz entra tangencialmente por la izquierda, acentuando el modelado anatómico e intensificando la proyección de unas sombras de tonalidades verdes y sepias que incrementan la expresividad del cuerpo.
La mirada, perdida y triste, invita al espectador a adentrarse en un mundo de soledades interiores, connaturales al ser humano.
Béjar, Carmen (1945)
Carmen Béjar nace en La Coruña, a mediados de la década de los cuarenta, en el seno de una familia de tradición artística. Nieta e hija de músicos, desde su infancia Carmen Béjar aprende a cultivar la sensibilidad y el gusto por una estética de carácter intimista, similar al profundo sonido de los violonchelos que escucha a sus mayores.Aunque sus inclinaciones artísticas quedan patentes desde muy joven, lo cierto es que hasta ya entrada en la madurez, la autora no se decidirá a mostrar públicamente su obra. Su primera exposición, realizada en 1983 en la Sala de Exposiciones Arracada de su ciudad natal, es de escultura, disciplina que cultiva con fervor durante la primera etapa de su actividad artística. Aunque Carmen Béjar es una mujer de profundas raíces gallegas, su pintura, sin embargo, posee un carácter universal. Con una figuración sin rodeos, busca la captación de determinados estados anímicos a través de los cuerpos, frecuentemente femeninos, a los que dota de íntima irrealidad.