Arturo Souto es uno de los artistas más significativos de la plástica gallega y española del siglo XX. Pintor, grabador, ilustrador y dibujante, este intelectual pontevedrés se comprometió con los acontecimientos sociales y políticos de la España republicana y de la Guerra Civil, convirtiéndose en una figura clave a la hora de componer y verificar el proceso histórico español en aquella etapa difícil y convulsa. A lo largo de su trayectoria artística se pueden distinguir diferentes etapas, que inició con un modernismo decadentista, para proseguir con una etapa que será muy francesa por las influencias de Bonnard y Toulouse Lautrec. Posteriormente, tendrá un período italiano que recuerda a Chirico y recibirá las influencias del arte japonés que conocerá en París, del que ofrece una visión muy personal, con un colorido exultante. La adhesión de Souto al bando republicano le obliga a exiliarse y será entonces cuando comience su nueva vida en América, viviendo en diferentes países, especialmente en México y abriendo una nueva etapa en su carrera, caracterizada por el reflejo de la raza, el hieratismo, la influencia del muralismo indígena y la absoluta libertad personal en el placer del acto pictórico. Será a partir de 1940 cuando el autor consolide nuevas iconografías y soluciones formales desarrolladas hasta entonces. La densidad en la materia será una constante, aplicada mediante pinceladas fragmentadas, pequeñas, a veces acompasadas por un ritmo de una línea más expresiva. La obra India (óleo sobre lienzo, 100x90cm., ca. 1960) responde a estas características. En ella, Souto retrata a una indígena americana vestida de un intenso amarillo y cubierta por un manto rojo. La figura está captada en un instante, desprevenida, no está posando. Colocada de espaldas al espectador y ladeada, muestra un rostro de tez morena y ojos rasgados, mientras se recorta sobre un fondo verde indefinido. El trazo es corto y ágil, pero empastado, otorgando gran importancia a la materia como medio de expresión plástica. Desde los años 50, este autor elabora cada vez más sus composiciones, alentado por las emociones que le propicia su país de acogida, México. Souto asume que la posguerra y la dictadura españolas van a ser largas por lo que centrará toda su creatividad en las posibilidades temáticas y de inspiración que le ofrece esta tierra. Se interesa por problemas compositivos y centra la atención en el primer término a través de las figuras y de los colores más claros, dejando para el segundo, los más oscuros. Un motivo al que recurre Souto incansablemente durante su exilio será el universo femenino. En ocasiones, lo recreará de forma sensual, como un voyeur y en otras, como homenaje a una diversidad racial que idealiza a través de la propia pintura, la literatura y las tipologías populares, como ocurre con la obra India.