Arturo Souto es uno de los artistas más significativos de la plástica gallega y española del siglo XX. Pintor, grabador, ilustrador y dibujante, este intelectual pontevedrés se comprometió con los acontecimientos sociales y políticos de la España republicana y de la Guerra Civil, convirtiéndose en una figura clave a la hora de componer y verificar el proceso histórico español en aquella etapa difícil y convulsa. A lo largo de su trayectoria artística se pueden distinguir diferentes etapas, que inició con un modernismo decadentista, para proseguir con una etapa que será muy francesa por las influencias de Bonnard y Toulouse Lautrec. Posteriormente, tendrá un período italiano que recuerda a Chirico y recibirá las influencias del arte japonés que conocerá en París, del que ofrece una visión muy personal, con un colorido exultante. La etapa americana, coincidente con su exilio, es mucho más neutra de color, refleja la raza, el hieratismo y se deja influir por el muralismo indígena. La obra Caballerizas (óleo sobre lienzo, 78x84 cm., ca. 1938) representa una escena cotidiana desarrollada en unas cuadras vistas desde el exterior. El gran portalón que se abre en el centro de la composición permite ver el interior del recinto y los caballos que muestran su parte trasera en primer plano, así como las personas que los acompañan. La disposición invita al espectador a observar detenidamente la escena y a adentrarse en ella. Utilizando una paleta de color sobria en gamas de negros, ocres y pardos, el autor emplea una pincelada gruesa y empastada que prácticamente diluye las formas de las figuras, incluyendo puntos de luz en lugares estratégicos que ayudan a conseguir la buscada sensación espacial. La década de los años 30 supone para Souto su incursión en el contexto vanguardista de Madrid que se desarrolla alrededor de la proclamación de la II República en 1931. Estos acontecimientos propiciarán que el artista se posicione ante la realidad social, comprometiéndose por la dinamización de un país anclado en el localismo. En el campo de la plástica, entra en el debate de la modernidad de manera ecléctica, ya que en España no había una definición clara por lo que conviven el expresionismo, el surrealismo y el nuevo arte soviético. Los tres años que dura la Guerra Civil española conformarán un nuevo período dentro de la trayectoria del pintor, en el que llevará a cabo una producción frenética y dispersa. Una de sus técnicas más utilizadas será el dibujo, del que se servirá en muchas ocasiones para denunciar las atrocidades que se cometían en la contienda. A esto hay que sumar la crítica y la sátira que plantea hacia los partidarios de Franco en todos los ámbitos, así como contra los padecimientos que sufre la sociedad. Como apuntó Luis Seoane, parece que el pintor “también está en guerra” por lo que colabora con diversas publicaciones favorables al bando republicano. Sin embargo, el caudal más expresivo prefiere reservarlo para el óleo en unas pinturas que alcanzarán una rotundidad plástica de corte expresionista con pinceladas y texturas llenas de materia que recuerdan a Goya y sus pinturas negras, así como a las figuras regias de Solana y sus atmósferas tenebrosas. Aunque tampoco hay que olvidar que este tipo de obras enlazan con la estética del granito sobre la que tanto trabajaron los autores de las vanguardias históricas gallegos coetáneos suyos.
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