La visión intimista que Behrens imprime a sus composiciones hacen de cada obra suya un pretexto para la reflexión. Las coordenadas del lenguaje de su individual universo plástico se fundamentan en una figuración que sintetiza el dibujo en aras de un juego combinado entre las luces, las formas y los contrastes coloreados. En el frente se representa una ventana cubierta con un paño que da luz a la estancia, aunque la fuente lumínica protagonista entra en sentido tangencial, proveniente de una puerta situada a la izquierda, fuera de la escena, proyectando largamente las sombras por el suelo. Aunque el pintor identifica con sus pinceles los pequeños objetos de la escena, éstos aparecen tratados con enorme soltura. En ellos el color tiene la función simultanea de dar forma y de vertebrar las formas, de manera que en la percepción general de la obra prevalecen los efectos visuales sobre los dibujísticos, acercándose así a las premisas expresionistas. Las tonalidades no son fuertes, pero sí discrepantes. Una veladura rosada, que imprime calidez a la atmósfera, aparece confrontada con unos atrevidos y expresivos contornos verdes que van silueteando, casi de manera continua, todas las figuras representadas, jugando, por tanto, con complementarios que buscan en el contraste cromático una fuente de estimulación.
LITERATURA:
Catálogo T. Behrens. Ed. Círculo BBAA Madrid, Ayto. A Coruña, 2003 (Repr. p. 79)
80/800 ARTISTAS CORUÑESES, Ed. FMJJ, A Coruña, 2008
Timothy Behrens nace en Londres, en 1937. Inicia su formación académica en la Slade School of Fine de Londres, donde conoce a Lucian Freud, que enseña como profesor visitante entre los años 1953-54. Freud hace una serie de retratos a Behrens y le anima a entablar relación con la Beaux Arts Gallery, donde exhibe sus obras en tres ocasiones. En esta prestigiosa galería expusieron por primera vez Frank Auerbach (1956) o Michel Andrews (1958), y en otras ocasiones Francis Bacon ó el propio Freud. Con todos ellos mantuvo una íntima amistad. A finales de la década de los sesenta, Behrens experimenta un giro en su trayectoria profesional y se traslada a Italia, donde ensaya en otras disciplinas artísticas como la poesía, la música o el cine, sin olvidar la dedicación a la pintura, que le lleva a exponer sus obras en diferentes capitales europeas como París, Barcelona, Turín o Roma.Sus frecuentes viajes a España le ponen en contacto con diversas galerías españolas. Expone varias veces en La Coruña. En la década de los noventa abandona definitivamente Londres para instalarse en la ciudad herculina.Desde 1983, año en que publica su primera novela, Behrens ha escrito otras tres más, una colección de poesía y otra de cuentos.Los comienzos en la trayectoria artística de Tim Behrens con los pintores de la denominada Escuela de Londres quedan fielmente reflejados en su lenguaje plástico. Aunque la interpretación de la pintura figurativa británica del último tercio del siglo muestra una clara pluralidad estilística, hay en ella una serie de rasgos que la hace diferente de otras aproximaciones a la figuración. Behrens participa de esas actitudes comunes con unos planteamientos plásticos que excluyen lo narrativo y lo explicativo, en unas obras de cierta inclinación al expresionismo que, por otra parte, apuestan por los valores tradicionales de la pintura en cuanto al uso preferente del óleo en pinturas de caballete, lo que lleva aparejadas unas cualidades expresivas de mayor énfasis y libertad, características indiscutibles en los lenguajes plásticos de Behrens.