En esta obra de pequeño formato y gran maestría técnica, Villaamil compone unos árboles que, dominando toda la composición, apenas dejan hueco para un resquicio de luz. Con la habilidad que lo caracteriza, el autor consigue dotar de volumen a unos elementos casi monocromos y carentes de contrastes lumínicos. La materia pictórica esta trabajada con verdadera soltura. Se alternan zonas donde la pintura está notablemente diluida con otras de finos empastes calculados. Todo ello cubierto con veladuras translúcidas que derivan en una pintura jugosa y de calidad.
A pesar de apreciarse una pincelada rápida y suelta, en la pintura de Villaamil nada es casual. Por el contrario, se trata de una obra en la que destacan prodigiosas manchas efectistas, aplicadas con precisión y originalidad, hasta convertir unos árboles en elementos elegantemente idealizados, envueltos en un velo de fantasía romántica. Es un fragmento de naturaleza donde las formas se insinúan, seduciéndonos, en una mezcla de verdad y ficción perfectamente combinadas.
Pérez Villaamil, Genaro (1807 - 1854)
Aunque desempeñó a la muy temprana edad de cinco años el cargo de Ayudante Profesor de Dibujo, bajo las órdenes de su padre, en el Colegio Militar de Santiago de Galicia, Jenaro Pérez Villaamil y Duguet parece que comenzó su trayectoria artística como pintor en 1830, tras una brillante carrera militar. A pesar de su temprana muerte, acaecida cuando contaba 47 años, Perez Villaaamil fue un fecundísimo artista que dejó más de veinticinco mil obras, entre pinturas y dibujos, según diferentes fuentes. Nacido en Ferrol, Villaamil trabajó temas de muy diverso carácter, desenvolviéndose con talento en los exteriores o interiores de catedrales, paisajes, reconstrucciones históricas o escenas de batalla. Reconocida una primitiva base paisajista y escenográfica, la estructura artística de Villaamil esta dominada por un romanticismo que se adecua perfectamente con sus ideales y personalidad, formando un vehículo idóneo a través del cual expresarse. Este gallego internacional obtuvo la admiración de figuras ilustres de su tiempo y es reconocido como uno de los máximos exponentes del romanticismo español.