El constante estudio y la preocupación que experimenta Gutiérrez de la Concha por el tratamiento de la luz queda reflejada una vez más en esta espléndida Vista al puerto Chico de Santander, su cuidad natal.Cielo y mar quedan divididos por una hilera de arquitecturas técnicamente impecables, ejecutadas tan sólo con unos leves y certeros toques de pincel. Sobre ellas aparece un cielo plomizo cargado de matices, ese cielo norteño que con frecuencia parece querer abrirse para que unas ráfagas de claridad puedan escaparse entre la inmensidad de los nubarrones, reflejándose en las aguas mansas del puerto.Gutiérrez de la Concha nos da una lección de maestría técnica al conseguir una obra de tonalidades densas y espesas sin renunciar a la limpieza que exige la acuarela. A menudo unos trazos vigorosos y osadamente largos son depositados con firmeza sobre unos lavados de colores rosas, azules y ocres, iluminados por la transparencia íntima propia de la acuarela bien hecha.
Gutiérrez de la Concha, Salvador (1940)
Salvador Gutiérrez de la Concha nace en Santander, en 1940. A los seis años comienza a pintar a la acuarela en compañía de su padre, Manuel Gutiérrez de la Concha y Arce, afamado acuarelista que enseña a su hijo todos los secretos de la técnica al agua. El joven aprendiz absorbe y depura los conocimientos adquiridos hasta llegar a conseguir un estilo propio y personal.Al mismo tiempo que perfecciona el ejercicio de la pintura realiza los estudios de Náutica en La Coruña, obteniendo el título de Capitán de la Marina Civil. Los numerosos viajes llevados a cabo por mar permiten al pintor estudiar a fondo las infinitas formas, luces y colores que el espacio marítimo le ofrece. Observa y guarda en su memoria los amaneceres, las tempestades, la calma de la mar o la rica gama de colores que adquiere al agua tras una puesta de sol. Así pues, sus obras son el íntimo resultado de dos pasiones inseparables: la pintura y el mar.Finalmente decide abandonar la vida de marino para dedicarse en exclusiva a investigar y superarse en el arte de la pintura. En 1969 realiza en su ciudad natalla primera exposición individual. A ésta le siguen otras muchas, principalmente en Santander, Madrid y diversos puntos de Galicia y México, cosechando en todas ellas notables éxitos y elogios por parte de la crítica.La pintura de Salvador Gutiérrez de la Concha cautiva al espectador por el efectismo expresivo y la espontaneidad de sus trazos, fruto de un profundo conocimiento de la técnica. El pintor no vacila en autodefinirse como un artesano cuya labor se fundamenta en el trabajo y el esfuerzo. Según sus propias palabras, la pintura la concibe como < un trabajo de taller, una artesanía sublimada > que sólo adquiere significado en cuanto a la influencia que ejerce en la sensibilidad del espectador.