Hermosa y alegre vista de París con el Sena atravesado por sus puentes como protagonista de la composición. Acompañando al río, numerosos árboles, casas e iglesias. Y al fondo la torre Eifel recortándose sobre el cielo parisino. Los poetas suelen describir el cielo de París tal y como Palmeiro lo representó en esta obra: pesado y nebuloso, plomizo y grisáceo. Las aguas del río también absorben su frío color, reflejándolo a su vez. En contraposición, el autor se deleita en dar colores vivos y calientes al resto de los elementos dispuestos en la obra. Edificios anaranjados, amarillos, rojos, como si se dejara llevar por cierto romanticismo en el que la emoción se expresara por la distorsión moderada de las formas y colores. Estos están distribuidos a modo de manchas que no se entremezclan, sino que se disponen unas al lado de las otras, libremente. Se desconoce la fecha de ejecución de la obra, pero es evidente que Palmeiro ya había superado esa primera etapa de figuración tradicional para adentrarse en una pintura de corte neocubista, como esta vista de París, en la que se complace jugando con la combinación de las líneas curvas y rectas que componen los perfiles de los elementos representados. No se pretenden disimular los contornos, muy al contrario, el autor se deleita en su ejecución, de trazo negro y grueso, creando una atmósfera más libre e irreal.
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