En los retratos de Sucasas, la descripción de las fisionomías no es realmente la finalidad perseguida, sino el medio con el que interpretar la expresión del personaje, que en esta obra viene dada por la propia impavidez del gesto, el rostro recio y unos rasgos de cierta tosquedad.
Las líneas curvas y rectas de figura y fondo, respectivamente, la fuerza del dibujo, el vigor y desorden de las pinceladas, así como la rugosidad palpable del soporte, conceden a la superficie un gran dinamismo, cualidad inherente a toda obra de Alfonso Sucasas.
La paleta de colores es considerablemente caliente y vigorosa. Como si de una acuarela se tratase, el autor no utiliza el color blanco, sino que lo extrae de la propia capa de preparación. Las luces, atemperadas, surgen de la propia pintura.
A la extremada delgadez general de la película pictórica se superponen en el rostro rotundas pinceladas empastadas que refuerzan en gran medida su volumen.
Sucasas, Alfonso (1940 - 2012)
No fueron fáciles los comienzos para este pintor, nacido en la aldea pontevedresa de Lalín, que a los dieciocho años emigra a Venezuela con el fin de introducirse en la difícil senda del arte. El joven pintor ha de enfrentarse a una fuerte oposición familiar y a unos duros inicios en los que la pintura apenas le daba para vivir. Será más tarde, durante su estancia en Brasil, trabajando exitosamente en el mundo de la publicidad y la decoración, cuando se consolida su formación artística. De la mano de Portinari aprende que la pintura parte de un dibujo riguroso y de un equilibrado sentido compositivo, lecciones que no olvidará nunca. En 1968 regresa definitivamente a Galicia, estableciéndose entre Vigo, Santiago y Lalín. La pintura de Sucasas se enmarca dentro de un lenguaje figurativo de sólida raíz gallega. Sus primeras obras poseen un contenido de carácter socio-político. Más tarde, al mismo tiempo que su pintura se hace más gestual y expresionista, la temática de su obra va a centrarse en la representación de un mundo íntimamente ligado a su tierra, cuya esencialidad se extrae de la inmediatez de los acontecimientos cotidianos.