Abelenda amaba y vivía el paisaje. Pintaba en el campo pues comprendía que el artista debe comunicarse directamente con el aire y la tierra y recoger el espíritu de su ambiente. La luz es gris y los colores son suaves, azulados, violáceos, verdosos y grisáceos. Brumas transparentes en lontananza. Luces y colores de invierno. La configuración de la obra esta dispuesta en tres planos. En el segundo se sitúa el eje horizontal coincidente con la línea de la ría. En la zona superior el fondo y el horizonte, de onduladas colinas fundidas en la lejanía. En la franja inferior se sitúan unos campos próximos a nosotros, ejecutados con mayor detalle. Así logra el autor el efecto de perspectiva. Hay, por otro lado, una alternancia lumínica de planos. En primer término unos verdes fríos, para conseguir el efecto de sombra, contrastados con la luz reflejada en el agua. La frialdad y oscurecimiento de los campos del plano superior se contrapone con la luz ligeramente cálida que despide el cielo.
Abelenda, Manuel (1889 - 1957)
Manuel Abelenda nace en A Coruña, en el seno de una familia numerosa y proletaria. Desde niño se aficiona a pintar cuanto le rodea. Sus primeras lecciones las recibe en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal. Posteriormente, gracias a las subvenciones del Ayuntamiento y de la Diputación, consigue ampliar sus estudios en Madrid, donde tuvo como profesor a Antonio Muñoz Degrain, quien tanto influyó en su modo de tratar los paisajes. Mas tarde amplia sus conocimientos en la Academia de España en Roma, en donde el descubrimiento del mundo clásico consolida su criterio conservador del arte. En 1941 es nombrado académico de la Academia Provincial de Bellas Artes de A Coruña, y en 1943 obtiene la Tercera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Manuel Abelenda fue un pintor capaz de cultivar todos los géneros, aunque fundamentalmente haya sido un paisajista que interpretó los escenarios gallegos en sus múltiples manifestaciones.