Una vez más Lapayese del Río se recrea pintando un paisaje de arquitecturas superpuestas que parecen multiplicarse. Fachadas desgastadas que son testigos mudos del paso del tiempo protagonizan una visión particular del artista sobre el paisaje rural. Lapayese del Rio no pinta sobre caballete, sino con el lienzo pegado a la pared, como en un deseo de que los dos soportes se fundan en uno solo.Sobre una tela gruesa, el artista va amasando los colores. En esta obra, la materia pictórica esta trabajada con espesura y el resultado final es de una pintura intencionadamente tosca, como una forma particular de ver y representar la realidad.La gama cromática es la habitual en Lapayese del Rio, blancos manchados con ocres, sienas y naranjas de los que extrae unas texturas conseguidas a base de empeño. La composición, algo convencional, queda finalmente bien resuelta con ese equilibrio entre dibujo, textura y color.
Lapayese del Rio, José (1926 - 2000)
José Lapayese del Río nace en Madrid, en el seno de una familia dedicada al arte. Es en la Escuela de Artes y Oficios de la capital, de la que su padre es profesor, donde hace sus primeras prácticas con el dibujo y la talla en madera. Continúa sus estudios en las Escuelas de Artes y Oficios y de Bellas Artes de San Jorge, en Barcelona, ciudad a la que se traslada con su familia. De vuelta a Madrid comienza una imparable serie de exposiciones y premios. Asiste al Salón de Otoño, abteniendo la segunda medalla de pintura. El artista quiere aprender más y viaja primero a París y luego a Italia. Allí, los frescos clásicos le causan gran impresión y a partir de ese momento su pintura va a estar profundamente influida por ellos. En 1954 obtiene la Primera Medalla de Pintura en el salón de Otoño celebrado en Madrid. En ese mismo año decora algunas paredes del actual Palacio de la Moncloa, entonces residencia de visitantes ilustres. Tras la obtención de una beca del Ministerio de Educación Nacional viaja a Inglaterra para contactar con el arte moderno, y es entonces cuando comienza su etapa pictórica más próspera. La pintura de Lapayese del Río es un continuo estudio de la concreción de las formas y las líneas. Busca representar una realidad transcendida, entintada de fantasía y ensueño, donde el juego cromático se convierte en su perfecto aliado.