Pintor y miembro de la sociedad protectora de animales, Constantino Grandío plasma en “mi perro” su cariño por su fiel compañero al cual incluso, dedicó unos versos “Pero un día tendré alas y entonces me amará y yo seré, como mi perro San Bernardo, feliz”.
En esta obra, el autor representa a su perro acurrucado, durmiendo en el suelo. A través de un plano en picado, realiza un retrato, desprovisto de movimiento, que suscita ternura y sosiego. Sintetiza una escena intimista, prescindiendo de lo superfluo, en la que el animal, cuyas extremidades están sin tratar, se funde con el fondo neutro. Para conseguir volumen y efectos de textura, se vale de toques de color oscuro y efectos lumínicos. El lienzo se caracteriza por su sencillez formal, conjugando pinceladas largas y lentas con una paleta casi monocroma de tonos gris y tierra. Los contornos difuminados de la imagen producen un efecto atmosférico que acentúa la sensación de intemporalidad y liviandad.
Constantino Grandío ha sido uno de esos pintores que iluminaron con luz propia las filas formadas por los pintores gallegos del S. XX. Nacido en Lousada, Lugo, Grandío se ve seducido en un principio por la filosofía, la música y la escultura. Y aunque ya siempre disfrutaría ejerciendo estas artes, sobre todo la música, su verdadera vocación va a ser la pintura, a la que se entrega sin concesiones durante toda su vida. A los 25 años se traslada a Madrid, integrándose rápidamente en los círculos artísticos e intelectuales de la capital, a la que se mantendría unido para siempre. Amigo de participar en todos los concursos y premios convocados, la vida artística de Grandío es un cúmulo de galardones y reconocimientos en vida, así como un sinfín de exposiciones realizadas en España y en numerosas capitales del mundo. La plástica de Grandío es única e inconfundible. Su pintura no esta adscrita a ninguna corriente artística y como sello personal destaca la seriedad de sus procedimientos formales al llevar a cabo una sintetización de la realidad y su poder para comunicarnos multitud de íntimas sensaciones sirviéndose tan sólo del color gris azulado al que puntualmente añade alguna tierra. Grandío muere a causa de una cruel enfermedad cuando aún es joven, apenas cumplidos los cincuenta, dejando un hueco insustituible dentro del panorama artístico gallego.