La pintura de Díaz Pardo de los años 50 se ha visto notablemente influenciada por las formas clásicas del Renacimiento italiano, que estudió con admiración a principios de la década de los cuarenta en un viaje de formación a Italia. Este tondo, a la manera del cuatroccento italiano, representa una escena de Eva con la manzana en una composición singular con respecto a la iconografía clásica referente al pecado original. Eva está subida al árbol, en una posición técnicamente complicada, sujetándose a una rama mientras con la otra prende el fruto prohibido. El formato redondo obliga al pintor a seguir unas líneas de composición peculiares. Es el tronco, de formas caprichosas y macizas, el que enmarca la composición. La irrealidad en la carnación de Eva la hace más hermosa. No hay detalles en su anatomía, ni grandes contrastes de luces y sombras, sino la pureza de formas y colores.
Bibliografía:
- López Bernárdez, C. (2008). De Vigo a Bos Aires. [Catálogo de exposición]. Vigo: Fundación Laxeiro.
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- Fundación María José Jove (Ed.). (2006). Itinerarios artísticos [Catálogo de exposición]. A Coruña: Fundación María José Jove.
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- Fundación María José Jove (Ed.). (2007). Con mirada propia [Catálogo de exposición]. A Coruña: Fundación María José Jove.
Exposiciones:
- De Vigo a Bos Aires. Fundación Laxeiro, Vigo, 2008.
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- Itinerarios artísticos, Fundación María José Jove, A Coruña, 2006.
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- Con Mirada Propia. Palacio Municipal de Exposiciones Kiosko Alfonso, A Coruña, 2007.
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Hijo del pintor Camilo Diaz Baliño, Isaac Díaz Pardo nace en Santiago, en1920, respirando ya el ambiente culto y artístico de Compostela. A los veinte años perfecciona sus estudios artísticos en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Más tarde los completa en Italia, de donde absorbe las formas clásicas que transmite la pintura de sus primeros tiempos. Se trata de un clasicismo subjetivo, envuelto por su propia personalidad, lo que otorga a la pintura de Díaz Pardo un carácter absolutamente íntimo y exclusivo. A pesar del éxito conseguido en sus exposiciones de los años cuarenta, Díaz Pardo, hombre inteligente y activo, abandona la pintura para desarrollar otras inquietudes artísticas forjadas en su interior, y Galicia pierde así a un pintor de enorme talento que conoció bien la técnica pictórica, dominando tanto el dibujo como el color. Sus composiciones son con frecuencia grandiosas. En ocasiones, los temas que aborda son llantos que hacen referencia a una Guerra Civil sufrida profundamente. En otras obras recurre a la figura femenina para desplegar todos sus conocimientos plásticos en unos desnudos de formas voluminosas y hermosas, sensuales y maternales al mismo tiempo. La mirada en los personajes de Díaz Pardo es tan inquietante y expresiva que fácilmente puede llegar a turbar al espectador.