Como un reflejo de la condición humana, Pardo de Vera desarrolla con cierta frecuencia temas relacionados con la mitología clásica, como este retrato de la bella Europa, la hija de Agenor, rey de Fenicia y hermana de Cadmo, que fue raptada por Zeus metamorfoseado en Toro.Sobre un fondo de geometrias ficticias, Pardo de Vera exhibe abierta y rotundamente el rostro de la divinidad lunar, otorgándole la belleza legendaria que enamoró al propio rey del cielo.El peso formal del clasicismo temático, así como la carencia de movimiento, impuesto por el carácter escultórico otorgado a la figura, es contrarrestado con el tratamiento plástico concedido a la obra, cuya superficie arenosa y áspera está colmada de múltiples matices cromáticos. La autora va cincelando la figura a base de una superposición repetida de pinceladas vibrantes, experimentando con el uso de barnices, irisaciones áureas, pigmentos, colores y texturas de sugerentes calidades.
Pardo de Vera, Marta (1948)
Nacida en La Coruña, Marta Pardo de Vera recibe sus primeras lecciones de artísticas con el pintor Leonardo Abelenda para posteriormente seguir su aprendizaje en la Escuela de Artes y Oficios Pablo Picasso de su ciudad natal, en la que tiene como maestros, entre otros, a los pintores José Luis Rodríguez y Mariano García Patiño.Su formación artística se complementa, además, con diversos cursos de gravado, organizados por la Universidad Menéndez Pelayo, así como por numerosos viajes realizados entre los años 1975-1980 por diversos países europeos, africanos y de la antigua Unión Soviética, en busca de conocimientos que le permitan solidificar su realización profesional y vital.Una muestra individual realizada en el Museo Provincial de Vigo, en 1967, fue la primera de una fecundisima trayectoria expositiva, no solo en España, sino también en países como Portugal, Francia y Estados Unidos.Dentro de un personal figurativismo, y con un sólido dibujo, la pintura de Marta Pardo de Vera es un constante juego con la materia pictórica. La riqueza de matices cromáticos viene dada por una profusa estratificación de las capas y por el frecuente uso de unas texturas ásperas preconcebidas. Pardo de Vera crea unas figuras de volúmenes rotundos que hablan sobre todo del ser humano, al que concede una gran expresividad que, en ocasiones, roza el dramatismo.