Interiores con vistas al exterior, asociación de objetos de naturaleza diversa, serenidad, equilibrio, delicadeza de colores
características identificativas de Goyo Domínguez que se conjugan amablemente en este bodegón, ejecutado en clara evocación a la pintura barroca española, fuente de inspiración frecuente del artista que, sin repetir sus fórmulas clásicas, se sirve de ellas para encauzar sus propias experiencias pictóricas.El dibujo es de factura exquisita. La minuciosidad en el tratamiento del bodegón y del paisaje del plano medio queda contrastada con la flexibilidad en la ejecución técnica del amplio espacio cerúleo. En él, las pinceladas, tal vez algo contenidas, juegan amasando los colores, que no son preconcebidos en la paleta, si no que se logran en el propio cuadro a base de fusionar sucesivamente trazos de tonalidades diversas, predominantemente violáceas.La acusada granulosidad textural en la epidermis de la obra dinamiza, en cierta manera, el estatismo de la composición, estructurada en planos y enmarcada por un ficticio marco clásico.
Domínguez, Goyo (1960)
Goyo Domínguez nace en 1960 en Fuentecén ( Burgos ). Realiza sus estudios de Bachillerato con los H.H. Maristas, en cuyos colegios de Madrid, Villalva y Alcalá de Henares deja numerosa obra mural.Su formación artística se inicia en 1982, en la facultad de Bellas Artes de Madrid, al tiempo que trabaja como ilustrador de libros. Becado por el departamento de paisaje de su facultad, inicia su andadura como pintor de éxito en diversos centros oficiales y galerías privadas.Es finalista dos años consecutivos del Premio Penagos de dibujo, participante en ferias internacionales como la de Chicago, Miami o Ginebra, y galardonado en 1994 con la 1ª Medalla de Pintura y el Premio de la Asociación de Amigos, en la LXI edición del Salón de Otoño de Madrid. Su obra es expuesta en numerosas galerías del territorio español, así como en Viena y Lyon.Goyo Domínguez se considera un representante del realismo romántico español. Se siente fascinado por la pintura italiana del Quattrocento, en cuyo estilo se inspira para llevar a cabo numerosos retratos, y por el barroco español del S. XVII, de donde extrae la temática que más le interesa: bodegones, figuras y paisajes surgidos en escenarios de gran serenidad y silencio.