La espiral del caracol
Marina González Guerreiro
08.10.2026
11.01.2027
En La espiral del caracol, Marina González Guerreiro parte de una escalera de caracol para construir una arquitectura frágil y doméstica, alejada de la monumentalidad y de las ideas de permanencia y precisión asociadas tradicionalmente a la arquitectura. Sobre sus peldaños aparecen cuentas, abalorios, platos, velas, sopas de letras, dados, pequeñas esculturas y objetos procedentes de bazares y tiendas de segunda mano. Cubiertos parcialmente por cera, estos elementos pierden su función y adquieren una nueva condición: entre el objeto cotidiano, el resto y la mercancía.
Como apunta Rosa Lléo en el texto que acompaña la instalación, la escalera introduce una estructura de orden y jerarquía, mientras que los objetos que la ocupan responden a otra lógica: la del ensamblaje, la acumulación, el azar y el afecto. La instalación pone así en relación dos formas de entender la construcción: una basada en la medida y la organización, y otra vinculada a lo precario, lo manual y lo cotidiano.
Los objetos elegidos pertenecen muchas veces a la escala más baja del mercado: pequeñas mercancías producidas industrialmente y vinculadas a circuitos globales de fabricación, consumo y descarte. Al ser reunidos en la instalación, recuperan una singularidad que los sistemas de producción y distribución tienden a borrar. Al mismo tiempo, cuentas, abalorios y adornos remiten a prácticas manuales como hilar, contar, ensamblar o decorar, históricamente vinculadas a espacios domésticos y a trabajos realizados por mujeres. Lo ornamental y lo aparentemente menor se convierten así en una forma de pensar el valor, el tiempo y el trabajo.
La cera acentúa esta transformación. Al cubrir los objetos, los vuelve extraños, frágiles y ambiguos, situándolos entre lo sólido y lo líquido, entre el uso y el descarte. Los pequeños caracoles que recorren la instalación introducen otra idea de arquitectura: sus conchas son casa, refugio, límite y memoria; estructuras que crecen desde el propio cuerpo y conservan en su forma las huellas de su desarrollo.
La instalación se mueve así entre el cuerpo y la arquitectura, el objeto doméstico y la mercancía global, el trabajo manual y la producción industrial, el deseo y el consumo. En este cruce, los objetos dejan de ser elementos neutros para revelar las historias de producción, circulación, uso y abandono que contienen, pero también los recuerdos y afectos que acumulan. Como señala Lléo, lo ordinario puede convertirse en un puente entre las estructuras económicas y sociales y la experiencia íntima de quienes habitan el mundo de las cosas.
Sobre la artista
Marina González Guerreiro (A Guardia, 1992) es artista, graduada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, cursó el Máster en producción artística de la Universitat Politècnica de Valencia y es Doctora en Arte en Producción e Investigación por la misma Universidad. Su práctica se desarrolla en torno a la materialidad, los objetos cotidianos, la memoria y las relaciones entre lo doméstico, lo precario y lo escultórico.
Ha realizado exposiciones individuales en instituciones como La Casa Encendida y galerías como Rosa Santos, Travesía Cuatro, Cibrián y Néboa, y ha participado en exposiciones colectivas en centros como IVAM, Museo Oteiza, Fabra i Coats, TEA y CentroCentro. Su trabajo se ha presentado asimismo en ferias como ARCO, Art Brussels y Artissima. Actualmente reside en Bruselas, donde desarrolla su práctica artística en el contexto de las residencias del Centro WIELS.
Fotografías: @augasalgada
Artista
Marina González Guerreiro
Fechas
8 de octubre de 2026 al 11 de enero de 2027
Espacio expositivo
Espacio Polígono – Centro de Arte FMJJ



